Este proyecto fue especialmente personal para mí: es la casa de mi hija Ana y Roberto, su pareja.
La reforma fue todo un reto. Partíamos de una vivienda de apenas 45 m², más la terraza, y fue necesario replantear por completo la distribución para conseguir una casa cómoda, funcional y capaz de adaptarse a su forma de vivir. Una vivienda pensada inicialmente para dos y que hoy funciona perfectamente para dos + bebé.
Proyecto
Paseo de la Ribera
Servicios
Proyecto integral
Ubicación
Zaragoza centro
En pocos metros, cada decisión tenía que tener un sentido. La cocina se integra en la zona de día y una gran pieza de madera, diseñada a medida, concentra almacenamiento, electrodomésticos y diferentes funciones, ayudándonos a ordenar el espacio sin llenarlo de elementos.
Elegimos una base muy neutra y luminosa: materiales naturales, madera, suelo continuo en tonos arena y paredes blancas. Sobre ella aparecen los objetos, las plantas, los recuerdos y el color que ellos mismos han ido incorporando a la casa. Porque quería que el proyecto tuviera serenidad y calidez, pero también que reflejara su juventud y esa alegría que transmiten.
Y después está la terraza.
La relación entre interior y exterior hace que esos 45 m² se perciban de otra manera. La luz entra en toda la vivienda y la terraza se convierte prácticamente en una estancia más, con unas vistas extraordinarias sobre Zaragoza y la silueta de la Basílica del Pilar.
El resultado es una casa pequeña en metros, pero enorme en posibilidades: luminosa, cálida, alegre y profundamente vivida.
Y quizá por ser la casa de mi hija, este proyecto demuestra algo en lo que creo especialmente: no son los metros los que hacen un hogar, sino la manera en que conseguimos que cada uno de ellos tenga sentido.





